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Muchacho. Acá. Así está bien. Bien. De acuerdo, querida. Ven aquí. Entra a la casa. Saca los dos baldes de limpiar de la despensa. Será mejor que también traigas los baldes lecheros del granero. Llénalos en la bomba de la cocina y échales ese jabón que ella guarda en la cocina. Debajo del fregadero. Ve. ¿Debo calentar el agua? No. Agua fría. Es mejor para la sangre. Anda. Esa noche descubrí algo que la mayoría de las personas nunca tiene que aprender. El asesinato es un pecado. El asesinato en condenación. Pero el asesinato también es trabajo. Creo que no puedo ir a la escuela hoy, papá. Creo que me lo verían en la cara. Especialmente Shannon. Puedes ir el lunes. Dile a la maestra que te dio gripe, y no querías contagiar al resto de la clase. ¡Oye! ¡Aléjate de ella! En aquellos tiempos, pasaban todo tipo de cosas en las granjas de lo que llamábamos el medio. Cosas que pasaban inadvertidas, ni hablar de denunciarlas. En aquellos tiempos, la esposa era considerada asunto del hombre. Y si ella desaparecía, bueno, eso tenía punto final. Sacarla toda habría sido un error. Ella se había ido a pie y sólo se llevó lo que podía cargar. ¿Por qué no se había llevado el T? Porque yo la habría oído encenderlo y la habría detenido. FORRAJE Y SEMILLAS LARS OLSEN Y CÍA. ¿Wilfred James? Andrew Lester. Abogado. Bueno, antes de darle la mano, mejor dígame abogado de quién es usted, señor Lester. En la actualidad me contrata la Compañía Ganadera Farrington de Chicago, Omaha y Des Moines. Pues en ese caso, puede alejar esa mano. Sin ofender. ¿Cómo estás, Lars? Tolerablemente bien. Pero me vendría bien una bebida. Bueno, adelante. Ya sabes dónde está. Dulce y fría como siempre, supongo. También me vendría bien una bebida, señor James. Sí. A mí también. Reparar cercos es trabajo que da calor. Apuesto que no tanto como viajar kilómetros en el camión de Lars. Mi culo quizá no vuelva a ser el mismo. Quizá podríamos beber adentro, señor James. Estaríamos más frescos. Sí, pero así como no le di la mano, no lo invitaré a pasar. Hola, señor Olsen. Henry. Imagino que ha venido por negocios. De mi esposa. Así es. ¿Y por qué lo enviaría ella a usted? Su esposa no me envió, señor James. De hecho, vine a buscarla. Bueno, eso lo demuestra, entonces. ¿Demuestra qué? Ella se fugó, señor Lester. Se fue al galope. Huyó de casa. Como quiera llamarlo. Sí. Pero… Tendría que decir… que se cansó tanto de ustedes como se cansó de mí. Y del hijo a quien dio la vida. Tenga buen día. Disculpe que le diga, pero todo esto me parece muy extraño, señor James. Muy extraño, sin duda, considerando el monto de dinero que mi cliente quiere pagar por esa propiedad. Digamos que atrapar a esa mujer es como intentar agarrar gelatina del piso. ¿Podría mirar adentro? Oye, Henry. Dile a este hombre dónde está tu mamá. No sé, papá. No me digas a mí. Díselo a él. Bueno… Me llamaste a desayunar el viernes por la mañana… y eso fue todo. Ella no estaba. Empacó y se fue. ¿Es la verdad, hijo? Sí, señor. ¿Puedo volver adentro? Tengo tarea de cuando estuve enfermo. Ve. Recuerda que te toca ordeñar.


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