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Aquí no le faltará el agua nunca, señorita Rosaura. ¿¡Qué pasa con el agua!? Como habrá usted visto en este pueblo pues hay poca agua, sobre todo en estos meses de secas. Pero a mí nunca me falta porque tengo el aljibe en casa. ¡Una cama con colchón! Qué blandito, ¿verdad? Y mire usted, señorita, este es de los sarapes que hacen aquí mis indios con lanas de mis borregos. Claro que hemos tenido que variar el dibujo para los turistas, porque pues hay que darles gusto a los americanos. Ese soy yo. Y ahí está una cartita para usted, señorita. ¿No le gustó la casa, o qué, Srta Rosaura? ¡Suéltame! Señorita, primero dígame. ¡Oiga! ¡Srta. Rosaura! ¿Qué le pasa, señorita Rosaura? Han pisoteado ustedes todas las virtudes que eran la fuerza de México, y sólo les faltaba esto. pisotear el respeto que se debe a una mujer. Ahora una mujer no significa nada, y un cualquiera puede humillarla ofreciéndole ponerle casa. Qué bajo hemos caído cuando hasta un funcionario como usted lástima así a una mujer, que debería merecerle respeto como mujer y como maestra, y la hace sufrir la humillación más grande de su vida. ¡Qué poco hombre es usted, y cuán desdichada me ha hecho! Ya sé que no le queda una sombra de vergüenza, y que está acostumbrado a dejar todo lo que es limpio en la vida, pero oiga bien lo que voy a decirle, ¡que nunca se le ocurra volverme a hablar, ni poner los pies en la escuela que es mi casa, y el santuario donde está la fe de México! Acosil, Demetrio. Presente Acualazti, José María. Acualazti, José María. = No ha llegado todavía, señorita. ¿Qué se le ofrece? Ya le dije que no debería poner los pies en la escuela. Rosaura, por favor, necesito hablar con usted. ¿Qué se dice cuando entra a la escuela el Sr. Presidente Municipal, con el sombrero puesto? Buenos días, Sr. Presidente Municipal. Necesito hablar con usted. Es necesario que me oiga, no puedo esperar más. Quiero que pongan mucha atención a lo que voy a decirles, y les pido que me perdonen. Un presidente municipal es un hombre que representa al pueblo. Un hombre que debería dar ejemplo a los demás, y sacrificarse por el bien común. Desgraciadamente este señor, que es el presidente municipal de Río Escondido como tantas otras autoridades de México, no se preocupa más que de satisfacer sus más mezquinas ambiciones, y sus más bestiales instintos. ¿Saben ustedes qué pretende? Llevarme a mí, la maestra de ustedes, a vivir con él Radio como si fuera la más baja de todas las mujeres. Sin embargo este señor, como todos sus compañeros bárbaros de la república, se equivocaron esta vez. Y si tuvieran un poco de vergüenza, comprenderían que su hora ha terminado. Ha terminado porque tenemos al frente del gobierno de México un presidente que está resuelto a que su pueblo se regenere. Un presidente que aspira acabar con el terror implantado por gentes como esta, y que quiere que los mexicanos lo ayudemos a hacer una patria tan grande y limpia, que sea orgullo de todos, y sacramento gozoso de todos. Nada tenemos que hablar. Hágame el favor de retirarse Radio si no quiere que lo eche. Se acabó Radio la última gota de agua. Yo sé cuán dura es esta nueva prueba que tienen que afrontar, y los desesperados que deben estar para venir a sacar al crucificado, y pedirle a Dios Nuestro Señor, el agua que les niega acá abajo su verdugo. Pero quiero decirles que sobran ruegos y procesiones, y que tenemos que enfrentarnos y reclamar lo que es de todos ustedes. Ya sé a lo que han venido. Si quieren el Santo agárrenlo y llévenselo, y hagan con él lo que quieran. ¡Pero sepan sí una cosa, el agua del aljibe es mía! ¡Y el que se meta a robármela, me lo quiebro! Quiero hablar con usted. Sí, amigo, vengo borracho. Y de aquí en adelante voy a ser otra vez yo, yo = Sépase que no me quito el sombrero ni aquí ni en ninguna parte. Vengo a verlo para que me ayude. Quiero a esa mujer con todo el alma y daría todo lo que soy porque no me hubiera humillado como acaba de humillarme. Ella se cree muy grande, y algo debe tener porque desde que llegó cambió todo Río Escondido. Hasta usted que no era ya más que un desgraciado borracho, lo hizo otro, y a mí también me =embriagó.= Pero la quiero y necesito que usted me ayude, ¿entendió? Y de ustedes creen todos. ¡Tiene que hablarle! Dígale que no la quiero para diversión, que estoy dispuesto a casarme con ella cuando quiera. Don Regino, si antes fui todo eso que usted ha dicho fue por culpa de usted, y me avergüenzo, pero ahora sé cuál es mi deber. ¡Usted le va a hablar ahora mismo, o lo quiebro! A esa mujer no la insultaría yo así. ¿Qué pasa, señor cura? ¿Qué quieren? Agua. La de la fuente ya se secó. Están tan desesperados que no me hicieron caso y sacaron la cruz. ¿Don Regino, ¿verdad? Váyase de aquí, Rosaura, no hay nada que hacer. Contra estas fuerzas nada podemos ni usted ni yo. Váyanse y sigan leyendo. toma. Sí, señorita. Está enloquecido. Dice que quiere casarse con usted. Siento mucho lo que le ha pasado por mi culpa, señor cura, pero yo no me voy. Aquí está mi deber, con la gente de este pueblo. Poncianito. ¿Qué te pasa? ¿Qué tienes? Yo creo que está enfermo, ¿verdad? No, está borracho. ¿Qué quiere usted? No hay agua y tienen que beber pulque. Con razón Goyo no podía llevar agua a la casa. ¡Señorita, señorita! ¡Goyo se fue a robar agua al aljibe de don Regino! ¡Lo van a matar! Goyito. Goyito. ¡Bestia! ¡Infame! ¿Qué horas son? Ya pasó medianoche, jefe. Ya no aguanto esa maldita campana. Voy a hacer que entierren a su desgraciado muertito ahora mismo. Síganme. Mi Goyito. Mi Goyito. No llores. Muy temprano te tocó sufrir pruebas muy grandes, pero yo te prometo que tu esfuerzo no será en vano. de esa santa sangre derramada. Como la de tantos otros mártires pertenece ya va México. Y un día sabrás que fue necesario para fertilizar su destino. No llores ya. Vamos a que descanses. Srta. Rosaura, ahí está don Regino. Él quiere que esta misma noche lo enterremos a Goyo. ¡Asesino! Entierran inmediatamente a ese muerto y usted se me larga del pueblo, o no respondo de mí. A su víctima la velaremos toda la noche, y le daremos sepultura mañana al amanecer. Y a mí sólo muerta me echará de Río Escondido,


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